La temporada del Pride ya no es solo una fecha simbólica para las marcas: es un termómetro social. En un momento en que las audiencias LGBTIQ+ exigen más que arcoíris temporales, Smirnoff ha presentado su nueva colección edición limitada Pride 2025 con un enfoque distinto: ilustración, representación y participación desde lo visual y lo emocional.
La propuesta, intervenida por el artista mexicano Óscar Torres, no solo renueva la imagen de las botellas Smirnoff No. 21, sino que construye personajes simbólicos inspirados en miembros reales de la comunidad, invitando al público a expresarse a través de frases personalizables como “Juntos somos comunidad” o “Juntos somos orgullo”.
Smirnoff lanza edición especial: Una estrategia que busca ir más allá del marketing y entrar en el terreno de la identidad colectiva
Con su campaña “Juntos Somos Orgullo”, Smirnoff intenta colocarse en un lugar distinto al de muchas campañas rainbowwashing: no apunta a una efeméride aislada, sino a una serie de acciones que invitan a resignificar la diversidad como parte central de la cultura de marca.
La inclusión del espacio en blanco dentro del diseño de las botellas —donde cada persona puede escribir lo que representa— no es menor. En un mercado donde los consumidores exigen voz, visibilidad y participación, esta edición apuesta por la co-creación, el arte colaborativo y el consumo con causa.

Además, al presentar seis personajes inspirados en integrantes de la comunidad queer mexicana, como Mega Drag, Ariel Bi-Modérrimo o Lexi Serviste Picosito, la marca no se limita a una estética colorida: pone rostro, narrativa y emoción a la campaña.
¿Qué están haciendo otras marcas durante el Pride? ¿Cómo se posiciona Smirnoff?
En años recientes, muchas marcas han integrado al Pride dentro de sus calendarios de marketing. Sin embargo, la profundidad de su compromiso varía mucho:
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Absolut ha realizado colaboraciones similares con artistas queer, pero su estrategia suele centrarse más en el branding global.
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Nike ha lanzado colecciones inspiradas en el Pride, aunque con menos narrativa emocional o participación del público.
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Cerveceras como Heineken o Modelo han apostado por campañas de inclusión, aunque con formatos más genéricos.
Smirnoff se distingue en 2025 por combinar lo visual, lo narrativo y lo participativo. La intervención artística no es un “extra” estético, sino la base de la propuesta cultural. La marca cede protagonismo a las voces disidentes, a los cuerpos diversos y a las historias reales, y eso —en términos estratégicos— no solo genera lealtad, también construye comunidad.

De la botella al espejo cultural, una apuesta por el Pride sin etiquetas
Smirnoff no inventa la celebración del orgullo. Pero lo que hace diferente a su campaña “Juntos Somos Orgullo” es el esfuerzo por representar no solo lo visible, sino lo vivencial: los matices, los personajes, los gestos y las formas múltiples de existir dentro de la comunidad LGBTIQ+.
En un contexto donde la autenticidad se mide por acciones y no por slogans, esta iniciativa puede leerse como una respuesta legítima a un mercado más consciente, más informado y más exigente.
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